Obscured

Se ha ennegrecido  mi vaso de whisky junto con cada placer mundano que me obligo a disfrutar.¿Quien soy entonces? ¿Acaso esa muchacha que escapa de sus monstruos, como un fugitivo desesperado, a través de la luz que emana su telefono, o un corpúsculo que viaja por el cosmos hacia ningún lado?

La frigidez de la clase media me obliga un poco a ser testigo presencial de todo lo que me duele; de la apatía sin motivo aparente, los trabajos absurdos, el sexo virtual o de ´alcohol, besos e impotencia' que se opone al ideal esplendoroso que se consume por tv. Fingiré entonces que todo es una fiesta, degustaré a través de la mirada de los otros cada plato de comida que fotografíe, enmascarando lo insensato de tal acto con un filtro y un numeral.

La vida burquesa es esto y tal vez un poco más que una simple tragedia silenciosa amalgamada a los tiempos del empuje al goce de mil relaciones superfluas, de los momentos olvidables y las vidas chiquitas, tristes, insignificantes.  Quizás sea el sinónimo de una alarma que ya no te despierta porque trasnochaste hablando con un amigo por mensajes de audio y blasfemaste hasta caerte del infierno sin mas tiempo que el necesario para aguardar el alba. El silencio se hace herida y me sintonizo expectante, comentando libros, escuchando la crudeza de son house, mientras espero que a la luz parpadeante de un velador viejo permita vislumbrar cuando algo nuevo irrumpa. 

Se empaña el saber, se difuminan los bordes, la luz es sombra. Allá donde nos volvimos síntoma del otro, una solución es apagar todo, quedar a oscuras, e irse a dormir. 

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