Anecdotario I

Fui al konex con mi amiga mariana. No digo que nos vestimos para la ocasión, porque no. Sábado de verano a la noche, de zapatillas y ojotas, mientras las chicas promedio deambulan rozagantes sobre tacos altos.  Ya empezamos mal. Para levantar el ánimo, se nos hace necesario un litro de fernet per capita. La cola nos roba 35 minutos de vida, y $130 por un gran vaso Pepsi con 1882. La sobriedad y el sabor a caramelo  viejo indignan.  El calor golpea al ritmo de los tambores, la gente empuja toda chivada. Un pulverizador cerca de la puerta rocía a las personas para que la vida sea soportable. Mariana  y yo nos clavamos debajo de esa duchita hasta el punto en que  los que pasan asumen que somos sobrevivientes del titanic. “¿Queres un poco de jabón?” le gritan a Mariana. Me agarro la cara de la vergüenza. “Dejennos ser felices” responde ella. No se puede vivir tranquilo.

 En la fila para ir al baño, se nos acercan dos chicos potables. Yo me creo que estoy irresistible, me hago la linda. Uno de ellos me habla de que le gustan mis aros, mi pelo, lo copada que soy.  Me la creo porque soy así de genial y sé que se nota. Al cabo de un rato de charla, tira gorra con logo. Me pide que busque la fanpage de no se que y que por favor le de like. Percibo que el otro – que habla con mariana - tiene la cara manchada, pero además, usa la misma gorra con el mismo logo. Caigo en cuenta de que eran dos promotores encubiertos.  Me rehuso a likear una página en la fila del baño. Los desenmascaro pero niegan todo.  Me discriminan por el lugar en el que vivo. Después insisten en que, además de necesitar un like en la página, somos re lindas y re copadas. Ante la duda, tiro un guiño y les dejo mi celu. Nos vamos y cuando volvemos le están pidiendo un like a otras dos boludas. Perdemos la dignidad esa noche.  Mariana los sigue en fb. Esta historia es verídica. Fin. 

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